Anécdota de un recuerdo
Uno de los momentos de mi vida que atesoro con gran cariño y recelo se encuentra guardado dentro de un cofrecito color bronce con lindas decoraciones rebuscadas de laureles y otras bellas hojas cuyo nombre desconozco, una elaborada cerradura, de las que solo se abren con grandes llaves antiguas de metal pesado, con diseños de animales salvajes mezclados con líneas de un excéntrico naturalismo, justo así se ve mi cajita, con su cerradura. En un principio no entendía por qué tan lindos recuerdos deberían de estar cerrados bajo llave. Pero fue un día en el año que tenía 13 años cuando por fin se develó el misterio. Recuerdo que ese día andaba como muchos otros con mi mamá, mi persona favorita en el mundo a esa corta edad, a pesar de estar en la edad que la mayoría de los padres describe como la época de la gran rebelión de los hijos, pues yo, rebelde o no, siempre andaba con mi mamá y ese día, después de haber andado haciendo el super -así se le dice en el norte de México a ir a u...


