Sábado casual

  ¿Qué clase de subnormal piensa que te están haciendo un favor al decorarte con pepitas de colores? Es como si me vistieran de payaso todo el tiempo, con respeto de los payasos, pero personalmente odio los colores y que a todas nos disfracen igualitas. Mis compañeras y yo, una al lado de la otra, ordenaditas, llenas de colorinches en la cabeza, igual  se van a caer ni bien nos compren. Menos mal no soy el papelito blanco, ese con vuelitos, esos pobres si que la sufren peor que una.


    Si tenemos menos de veinticuatro horas de vida, sólo exijo un poco de dignidad, por favor. Suficiente humillación lo de la vitrina y sentir que tu única misión en la vida es ser un objeto comprable. Y ahí viene esta man ocho de la mañana, un sábado en busca de chocolate, debe estar ultra deprimida. ¿Quién desayuna bolitas de chocolate? La tipa no está obesa. Seguro es la depresión. Soy chiquita y no me puedo mover pero conozco a la gente, se aprenden cosas estando en la vitrina de una panadería. Esta tiene la tristeza en los hombros, en los brazos que le cuelgan como dos ramas rotas después de haberles caído un rayo, en los ojos que se le ven con las justas porque los párpados no dan más de haber llorado tanto. Lleva diez minutos parada frente a nosotras, escaneándonos. Seguro está pensando si estamos rellenas de chocolate o sólo somos una fachada, si tendremos mucha azúcar, manteca o mantequilla. Es increíble lo que una tiene que aguantar.  Esta tiene facha de preguntarse hasta con qué tipo de chocolate estamos hechas. Es de la vida sana, socialmente responsable, respeto el mundo, blablabla. Osea hasta vino en la bici. Pero amigas amigos, nadie se salva de un corazón roto.


    Ahí voy, es mi turno.


    Nooo… al lado de la dona gigante, ¿en serio? Dona y bolita, depresión nivel máximo, entonces. Me va a aplastar ¿y en la bici? Vaya forma de acabar. Uf… Ni siquiera voy a tener un final digno acompañando un café en una mesa; me voy a apachurrar entre la espuma flex del coso ese donde me van a guardar y la dona esta, que mal, que mal final.


    ¿Qué hice yo para acabar así? Maldito destino, no hice nada, solo que la vida no es justa ni lógica, ni para la chica del corazón roto, ni para una bolita de chocolate un poco filática.


Malu.


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