Es lo que tiene el directo

    Vicente, el dueño de un bar en la calle Valderribas, en el barrio de Pacífico, en Madrid, aparece en la televisión, le entrevistan en directo acerca del COVID-19 y cómo afecta a su negocio. Vicente comienza a responder a las preguntas de la reportera, pero le cuesta un poco, pues ha tomado un poco de licor para calmar sus nervios antes de la entrevista. Lo que no recuerda es que también ha tomado en la mañana un antiinflamatorio para el dolor de una muela que le va a ver el dentista mañana, y el licor combinado con el medicamento hace que Vicente comience a balbucear, a tratar de seducir a la periodista, a decir que hoy es miércoles ¿o jueves? La mascarilla se le desajusta de la cara y se le cae al suelo ante la mirada de horror de la informadora… Vicente no se da cuenta de lo de la mascarilla y empieza a criticar al gobierno y, de pronto, se comienza a desabrochar la camisa mostrando su pecho con vello negro y cano, diciendo a la cámara que le disparen si quieren, que él está ahí trabajando de sol a sol, y va a sacar su DNI para enseñarle a la cámara que él es del barrio de toda la vida, a mucha honra, pero en lugar del DNI, que no lo encuentra en su bolsillo, saca una pequeña navaja plegada que lleva encima para cortar las cápsulas de las botellas de vino que sirve en el bar y sin querer acciona el resorte y la navaja se abre frente a los reporteros que saltan hacia atrás, y tropiezan con unos parasoles de la terraza del bar que  caen con estruendo sobre una mesa en la que está sentada una pareja con su nieto en un carrito, y un parasol golpea al carrito, haciendo que el freno salte y el carrito sale disparado y atraviesa la calle, los autos lo esquivan, sonando el claxon y maniobrando a toda velocidad, el niño comienza a llorar dentro del carrito, los abuelos salen corriendo en medio de la calzada detrás del niño, Vicente aprovecha para hablar a la cámara, que está en el suelo junto a su operador que yace medio aturdido después de haber tropezado con una silla, y Vicente, indignado, dice que así es como el Gobierno trata a los ciudadanos, que no hay respeto, no hay seguridad... Al final, el carrito sube a la otra acera por la rampa de un paso de peatones, entra en una pastelería, golpea un aparador sobre el que hay una gran pila de donuts de chocolate rellenos de crema y se caen dentro del carrito y el niño deja de llorar y se pone muy contento, pues se le llenó toda la cara de chocolate con crema. Los abuelos llegan después y la encargada les dice que paguen todos los donuts, y los abuelos de pronto dicen que ese no es su nieto, que vieron el carrito entrar por la puerta y solo querían ayudar… Y mientras, Vicente se pone a cantar el himno del Atleti a voz de grito, pero cuando iba por la mitad se le empiezan a cerrar los ojos y cae medio inconsciente sobre una de las sillas y allí se duerme hasta que uno de sus trabajadores viene con una taza de café solo para él, pero tropieza con uno de los parasoles que está en el suelo y el café le cae encima a Vicente, que se incorpora de un salto con los ojos fuera de las órbitas y empieza a bramar como un león fuera de sí y, en ese momento, los dos periodistas, tras cortar la señal con el estudio precipitadamente, salen corriendo asustados, llevándose la cámara y el micrófono, y se suben a su furgoneta, ésta arranca y se pierde a toda velocidad por la cuesta de la calle Valderribas, en el barrio de Pacífico, en Madrid. Vicente, de pronto, entre la bruma de su estado, ve que en la mesa donde estaba la pareja con su nieto hay un plato con una pechuga de pollo en salsa con patatas fritas que él mismo había servido a sus clientes, y, al verla, le entra un hambre voraz así que agarra la pechuga de pollo con las manos y le da un tremendo bocado, para luego, más tranquilo, sentarse en una de las sillas en la que se vuelve a quedar dormido, esta vez en un sueño profundo y placentero, con una sonrisa y con el sabor del pollo, que estaba exquisito, en la boca.


Róber

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