Conflictos Silvestres

    Las puertas se abren y se cierran.


    Ella era una desencajada, la materia de la que estaba hecha daba para eso, siempre muy confusa para el resto... para sí misma también por supuesto. La cosa es que así pasaban los días de no alcanzar a llegar al límite y estar en un vaivén con el viento que hasta provocaba el mareo y el enojo de los que escuchaban los susurros del frío y en cambio otras veces, no se separaba del cerrojo pero ni queriendo. Yo no sé cómo lo conseguía, pero qué manera de boicotearse, una y otra vez. Uno la ve y parece fácil, pero me imagino que desde adentro debe ser más difícil auto-resolver el problema. Sobre todo si la cosa es que ya eres de una manera. Cosas de la vida. Quizás el problema es que nunca debieron haberse inventado ese tipo de puertas. Aunque, ahora que lo pienso, puede que ese no sea exactamente el tema de fondo. Verán, si hubieran más como ella, quizá los chismes del viento que entran de vez en cuando, o que se sonroje tanto por el calor acumulado de un sol sin descanso al punto de atrancarse no nos parecería tan dramático.


    Nos acostumbraríamos, como nos hemos acostumbrado a cosas bastante menos poéticas en esta vida, y sin tanta alharaca.



Malu.

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